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Mostrando entradas de marzo, 2012

Clavos en la reja

Hubo una vez un niño que tenía muy mal genio. Su padre le regaló una caja de clavos y le dijo que cada vez que perdiera el control tenía que clavar un clavo en la parte trasera de una puerta que tenían en la casa.

El primer día el niño había clavado 37 clavos en la puerta. Durante las próximas semanas, como había aprendido a controlar su rabia, la cantidad de clavos comenzó a disminuir diariamente.

Descubrió que eras más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la puerta.

Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos.

Le contó a su padre cómo había progresado y su padre le sugirió que por cada día que se pudiera controlar sacara un clavo de los que había clavado en la puerta.

Los días transcurrieron y el niño finalmente le pudo contar a su padre que había sacado todos los clavos El padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta.

Le dijo:

“Has hecho bien, hijo mío, pero mira los hoyos en la reja. La reja nunca volverá a ser la misma&q…

Sobre la inteligencia y el lenguaje

Dice Punset en "El viaje al poder de la mente", 2010:

Es fácil reconocer a una persona inteligente, aunque no sepamos detectar la causa. Reconocemos con cierta soltura las señales de un nivel de inteligencia determinado; comenzamos a explicar el origen evaluando el nivel de flexibilidad de una persona  y su capacidad de representación mental de una situación que le permite intuir y predecir.

La memoria, la atención, el lenguaje indican con enorme precisión su trayecto.

La inteligencia no se expresa sin niveles elevados de memoria, que sustenten la búsqueda de datos y la capacidad metafórica para relacionarlos.

La atención prestada parece estar relacionada con el coeficiente metabólico del consumo de glucosa, aunque no necesariamente.

Sabemos que en las personas muy inteligentes ese coeficiente puede variar aleatoriamente, pero es indudable que la solución de determinados problemas reqiere no sólo de niveles insospechados de memoria, sino de atención netamente superior a lo …

Los tres filtros de Sócrates

Los tres filtros de Sócrates son para aplicar a la hora de hablar y de juzgar.






En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por la práctica de su conocimiento, con alto respeto. Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:

¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

Espera un minuto, replicó Sócrates. Antes de decirme cualquier cosa querría que pasaras un pequeño examen. Es llamado el examen del triple filtro.

¿Triple filtro?

Correcto, continuó Sócrates. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.

El primer filtro es la verdad: ¿estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
No, dijo el hombre, realmente sólo escuché sobre eso y..., ... Muy bien, dijo Sócrates. ¡Entonces realmente no sabes si es cierto o no!. 

Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad: ¿es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

No, po…

El mayor peligro...

La incompetencia es

Un hombre inteligente se recupera ...

Quien...

La vida es...

Yo no podré ser...

Para llegar a ser sabio...

“Para llegar a ser sabio, es preciso querer experimentar ciertas vivencias, es decir, meterse en sus fauces. Eso es, ciertamente, muy peligroso; más de un sabio ha sido devorado al hacerlo”. Friedrich Nietzsche









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El que me coacciona...

El que me coacciona pretende hacerlo porque sus razones son fuertes; pero realmente lo hace porque son débiles.
William Godwin












Todo acto forzoso...