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Mostrando entradas de agosto, 2021

Llegó a la orilla para contemplar el mar

    Colaboración de Isabel Martín Sánchez:   Llegó a la orilla para contemplar el mar, puesta la vista en el horizonte y el corazón latiendo con fuerza. Sus pies se hundían en la arena mojada.    Se sentó donde vienen a morir las olas y dejó que fueran sus pensamientos quienes la mecieran al ritmo de la marea, al son de la vida.   Allí, el romper del agua sobre su regazo, le hacía sentir viva, tan viva como el mar avanzando lentamente en su camino a la pleamar.   La mirada perdida en el horizonte, los ojos inundados de amargura con sabor a sal, vertiendo su tristeza sobre un cuerpo empapado en espuma de marejada.   Se sintió pequeña ante aquella inmensidad. No podía detener el avance de ese inexorable devenir de la marea, que bajo el influjo mágico de la luna; a la luz del sol o bajo el brillo de las estrellas, seguía incansable su camino.   No, no podía evitar ese avance, ni la actitud impasible, indolente e intolerable que la envolvía como una espesa niebla que le impedía pensar con

Esperó... Esperó y esperó

Colaboración de nuestra amiga Isabel Martín Sánchez.   Esperó... Esperó y esperó en vano mientras se iba rompiendo poco a poco, vestida de juicios, con perfume de vacío. Ante sus ojos se abría un abismo insondable, tan insondable como el silencio de las marionetas; tan ciegas, tan sordas, tan mudas ¡Tan manipulables! Lentamente se fue ahogando en el mar de la indiferencia. Los acontecimientos se clavaban en el alma como un cuchillo de acero, haciendo que se quebrara como el más fino cristal. De repente todo había adquirido sentido; tanto esfuerzo, tanto desgaste, tanto... Sólo sirvió para alimentar el ego de los que no saben mirar hacia dentro. Rota en mil pedazos fue recogiéndolos uno a uno, con paciencia infinita los fue pegando, los reforzó para hacerlos más resistentes, dejó sin maquillar las líneas que mostraban sus heridas, ellas le recordarían el precio que había pagado, luego, erguida, fue cortando uno por uno los hilos que la unian a esas marionetas en las que un día creyó. No