Ir al contenido principal

Su cabello se había cubierto de polvo de espera

 Isabel vuelve a colaborar con un maravilloso texto:


Su cabello se había cubierto de polvo de espera, su cuerpo de meridianos y paralelos en un sin fin de líneas que surcaban su geografía. Las horas, con su cadencia sorda y aburrida, pasaban, a veces lenta, a veces rápida, mientras, los latidos de su corazón se acompasaban al ritmo de sus pensamientos.
 
Algo había desatado una tormenta, o varias, en su interior. Se miró en el espejo de sus emociones y vio un reflejo triste y apagado, sintió sus raices mutiladas impunemente, sangró de desarraigo y lloró.
 
Cerró los ojos y recordó historias ancestrales, heredadas de generación en generación.
 
Invocó a su linaje femenino, a las mujeres de su estirpe, fuertes, con muchos renglones escritos y muchos, aún, por escribir. Cogió esos hilos de historia de los que formaba parte, los juntó con los que emanaban de su interior y pensó que tenía que seguir tejiendo con amor y agradecimiento, honrando y sanando, completando lo que faltaba, soltando lo que sobraba.
 
Ahora estaba al frente de ese linaje de mujeres que la habían precedido y que unidas a ambos lados de su espalda la empujaban a seguir en una cadena de amor, con la fuerza de sus manos, de corazón a corazón. Tenía una misión que cumplir, estaba escrito, no podía dejarse vencer y no lo haría, se lo debía a todas, no las podía defraudar, NO LO HARÍA.
 
Volvió a mirarse en el espejo de sus inquietudes, ahora se vio florecer. Al fondo, tras de sí, adivinó sonrisas de complicidad y una brisa suave rozó su mejilla con calidez. Guiñó un ojo con gesto cómplice, lanzó un beso, se despidió y alguien susurró, GRACIAS, DESDE MI INFINITO A TU ETERNIDAD.
 

Entradas populares de este blog

Fábula que justifica la no discusión. El burro, el tigre y el león

    El burro le dijo al tigre: - "El pasto es azul".   El tigre respondió: - "No, el pasto es verde".   La discusión subió de tono y los dos decidieron someterlo a arbitraje, para ello pusieron la cuestión en manos del león, el Rey de la Selva.   Antes de llegar al claro del bosque, donde el león estaba sentado en su trono, el burro empezó a gritar: - "Su Alteza, ¿es cierto que el pasto es azul?".   El león respondió: - "Cierto, el pasto es azul".   El burro se apresuró y continuó: - "El tigre no está de acuerdo conmigo, me contradice y molesta, por favor, castígalo".   El rey entonces declaró: - "El tigre será castigado con 5 años de silencio".   El burro saltó alegremente y siguió su camino, contento y repitiendo: - “El pasto es azul”, “El pasto es azul” ...   El tigre aceptó su castigo, pero antes le preguntó al león: - "Su Majestad, ¿por qué me ha castigado?, después de todo, el pasto es verde".   El león respond...

¿Profetas en su propia tierra?

“Jesús les decía “Ningún profeta es tenido en poco, sino en su patria y entre sus parientes y en su familia.” Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de que a algunos enfermos les impuso las manos y los curó”. Esta imposibilidad de hacer milagros, no viene de que no tenga ya poder para ello… sino que se relaciona con la falta de Fe. El milagro supone la Fe, necesaria para comprenderlo, para recibirlo.

La Luz y la Oscuridad

  «Cualquier persona con sentido común, recordará que la visión puede ser turbada de dos modos y por dos causas distintas, que son cuando uno pasa de la luz a la oscuridad o en el caso contrario cuando uno pasa de la oscuridad a la luz; y, si recordamos que esto ocurre igualmente con el alma, cuando veamos a una de ellas sumida en este tipo de turbación, incapaz de distinguir cualquier objeto, no nos echaremos a reír neciamente, antes al contrario nos preguntaremos si tal vez, falta de costumbre, no se hallará cegada debido a que llega de un lugar más luminoso o, por el contrario, surgiendo de una opaca ignorancia hacia la luz del conocimiento, puede que se encuentre cegada por una luminosidad inesperada para ella. En éste último caso, nos regocijaremos por su forma de vivir y de sentir; en el otro, lo lamentaremos con ella, y si se nos ocurre reír será más bien con una cierta indulgencia hacia aquella alma que ha descendido del dominio de la luz...» Platón - La Repú...