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Estupidez y poder

 
Estupidez y poder

Los estúpidos influyen sobre las personas con distinta intensidad. Algunos estúpidos causan sólo perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no a uno, sino a comunidades enteras. La capacidad de hacer daño que tiene un estúpido depende de dos factores:

1 - El factor genético. Algunos heredan dosis considerables del gen de la estupidez, y gracias a esa herencia, pertenecen desde el nacimiento a la elite de ese grupo.

2 - La posición de poder o autoridad que el estúpido ocupa en la sociedad.

Entre los burócratas, generales, políticos y jefes de Estado se encuentra el más selecto porcentaje de estúpidos, cuya capacidad de hacer daño al prójimo, ha sido y sigue siéndolo, peligrosamente potenciada por la posición del poder que ocupan. No hay que olvidar a los prelados, desde el Papa, Obispos y Príncipes de la Iglesia, hasta el más insignificante cura de aldea o religioso de clausura.

¿Cómo es posible que estas personas estúpidas lleguen a alcanzar posiciones de poder?

Las clases y las castas fueron las instituciones sociales que permitieron el flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder en la mayoría de la sociedad preindustrial. En el mundo moderno, industrializado, globalizado, informatizado y celularizado (móviles, smartphones, etc) hasta la demencia, las clases y las castas ya casi no tienen importancia. Ese lugar ha sido ocupado por los PARTIDOS POLÍTICOS, la BUROCRACIA y la DEMOCRACIA.

En el seno de un sistema democrático, las elecciones generales son el instrumento contundente y de enorme eficacia para asegurar el estable mantenimiento de esa fracción x de estúpidos entre los poderosos.

Hay que recordar que, según la Segunda Ley, la fracción x de personas que votan son estúpidas, y las elecciones les brindan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás, sin obtener ningún beneficio a cambio. Estas personas cumplen su objetivo, contribuyendo al mantenimiento del nivel x de estúpidos entre las personas que están en el poder.

De "Allegro ma non troppo"_Carlo M. Cipolla

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