Ir al contenido principal

Nos daña lo que permitimos que nos dañe

 

Vista previa de la imagen
 
Historia compartida en LinkedIn por Jorge Inda:

"Cuando Mahatma Gandhi estudiaba Derecho en Londres, un profesor de apellido Peters le tenía mala voluntad....pero, el alumno Gandhi nunca le bajó la cabeza y eran muy comunes sus encuentros.

Un día Peters estaba almorzando en el comedor de la Universidad y Gandhi venía con su bandeja y se sentó a su lado.
El profesor muy altanero, le dice:
"Estudiante Gandhi,
¡¡ usted no entiende !!
Un puerco y un pájaro,
no se sientan a comer juntos".

Gandhi le contesta:
-¡Esté usted tranquilo profesor,
yo me voy volando!"
y se cambió de mesa.

El profesor Peters lleno de rabia, porque entendió que el estudiante le había llamado PUERCO, decidió vengarse con el próximo examen...Pero el alumno respondió con brillantez a todas las preguntas.
Entonces el profesor le hace la siguiente interpelación:

-"Gandhi, si usted va caminando por la calle y se encuentra dos bolsas, una llena de sabiduría y otra de dinero, ¿cuál de las dos se lleva?"...

Gandhi responde sin titubear:
-"¡Claro que el dinero, profesor!"

El profesor sonriendo le dice:
-"Yo, en su lugar, hubiera agarrado la sabiduría, ¿no le parece?"

Gandhi responde:
-"Cada uno toma lo que no tiene, profesor".

El profesor ya histérico,
escribe en la hoja del examen: "IDIOTA" y se la devuelve al joven.

Gandhi toma la hoja y se sienta... Al cabo de unos minutos se dirige al profesor y le dice:
-"Profesor Peters, usted me ha firmado la hoja, pero no me puso la nota
".

...
 
Es una historia parecida a aquel probervio hin´du sobre el regalo, recordáis, cada cual regala lo que tiene... Así si permiteimos que nos dañe una ofensa, nos dañará porque lo estamos permitiendo. De lo contrario, la ofensa volverá al lugar de donde salió.

Entradas populares de este blog

Fábula que justifica la no discusión. El burro, el tigre y el león

    El burro le dijo al tigre: - "El pasto es azul".   El tigre respondió: - "No, el pasto es verde".   La discusión subió de tono y los dos decidieron someterlo a arbitraje, para ello pusieron la cuestión en manos del león, el Rey de la Selva.   Antes de llegar al claro del bosque, donde el león estaba sentado en su trono, el burro empezó a gritar: - "Su Alteza, ¿es cierto que el pasto es azul?".   El león respondió: - "Cierto, el pasto es azul".   El burro se apresuró y continuó: - "El tigre no está de acuerdo conmigo, me contradice y molesta, por favor, castígalo".   El rey entonces declaró: - "El tigre será castigado con 5 años de silencio".   El burro saltó alegremente y siguió su camino, contento y repitiendo: - “El pasto es azul”, “El pasto es azul” ...   El tigre aceptó su castigo, pero antes le preguntó al león: - "Su Majestad, ¿por qué me ha castigado?, después de todo, el pasto es verde".   El león respond...

¿Profetas en su propia tierra?

“Jesús les decía “Ningún profeta es tenido en poco, sino en su patria y entre sus parientes y en su familia.” Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de que a algunos enfermos les impuso las manos y los curó”. Esta imposibilidad de hacer milagros, no viene de que no tenga ya poder para ello… sino que se relaciona con la falta de Fe. El milagro supone la Fe, necesaria para comprenderlo, para recibirlo.

La Luz y la Oscuridad

  «Cualquier persona con sentido común, recordará que la visión puede ser turbada de dos modos y por dos causas distintas, que son cuando uno pasa de la luz a la oscuridad o en el caso contrario cuando uno pasa de la oscuridad a la luz; y, si recordamos que esto ocurre igualmente con el alma, cuando veamos a una de ellas sumida en este tipo de turbación, incapaz de distinguir cualquier objeto, no nos echaremos a reír neciamente, antes al contrario nos preguntaremos si tal vez, falta de costumbre, no se hallará cegada debido a que llega de un lugar más luminoso o, por el contrario, surgiendo de una opaca ignorancia hacia la luz del conocimiento, puede que se encuentre cegada por una luminosidad inesperada para ella. En éste último caso, nos regocijaremos por su forma de vivir y de sentir; en el otro, lo lamentaremos con ella, y si se nos ocurre reír será más bien con una cierta indulgencia hacia aquella alma que ha descendido del dominio de la luz...» Platón - La Repú...